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          ALABEMOS SIEMPRE Y EN TODO MOMENTO

Una característica que resalta en los grupos de oración de la
Renovación Carismática Católica es la alabanza, que nace del
corazón como una respuesta al Amor de los Amores.

El apóstol nos dice: “Estad siempre alegres, orad sin cesar, en todo
dad gracias”    (1 Tes. 5,17). “Alégrense en el Señor en todo tiempo
(Fil. 4.4).

EL Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 2639, dice: “La
alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más
directa que Dios es Dios. Le canta por El mismo, le da gloria no por
lo que hace sino por lo que El es. Participa en la bienaventuranza
de los corazones puros que le aman en la fe antes de verle en la
Gloria. Mediante ella, el Espíritu se une a nuestro espíritu para dar
testimonio de que somos hijos de Dios (Rom 8, 16), da testimonio del
Hijo único en quien somos adoptados y por quien glorificamos al
Padre. La alabanza integra las otras formas de oración y las lleva
hacia Aquél que es su fuente y su término: "un solo Dios, el Padre,
del cual proceden todas las cosas y por el cual somos nosotros" (1a
Cor 8,6).

Si no alabamos a Dios en la alegría y en la tristeza, en la paz y en
el sufrimiento, en la vida y frente a la muerte, jamás seremos los
líderes que esta corriente de gracia necesita. Tenemos que alabar
porque gloriamos a Dios, no porque nos guste a nosotros.

Si no alabamos con el corazón no podremos vivir un Pentecostés en
nuestros grupos de oración y en nuestras vidas y por ello, no
podremos ser “discípulos misioneros de Jesucristo para que en EL
nuestros pueblos tengan vida”. Pero para alabar con el corazón
necesariamente tenemos:

“Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes,
enseñándoles y exhortándoles unos a otros en toda sabiduría,
cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos,
himnos y alabanzas espontáneas. Que la gracia ponga en sus
corazones un cántico a Dios. Y todo lo que puedan decir o hacer,
sea de palabra o de hecho, háganlo todo en el nombre del Señor
Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de El”.

Que la palabra del Señor ilumine siempre la alabanza que sale de
nuestra boca, sea agradable a Dios y llene de gozo nuestro corazón.
Alabado y glorificado sea el Padre de nuestro Señor Jesús.